Las dos caras de los palestinos

10/Oct/2011

El Observador, Ana Jerozolimski

Las dos caras de los palestinos

10-10-2011
OPINIÓN El pedido unilateral de un Estado desconoce los problemas de fondo a resolver
Los palestinos le reclaman a la comunidad internacional el reconocimiento de su Estado.
ANA JEROZOLIMSKI DESDE JERUSALÉN
Puede sonar extraña la aclaración y quizá alguno de los lectores diga, «pero claro eso es obvio ¿cuál es aquí la gran novedad?». Lo que sucede es que de por medio, en el conflicto israelo-árabe (que es de hecho el origen del cual nació luego el conflicto israelí-palestino) hay problemas muy de fondo que van mucho más allá de la disputa sobre tales o cuales territorios y más allá de la pregunta acerca de por dónde deben pasar las fronteras. El tema básico, por el cual estalló este conflicto que ya lleva tantas decenas de años y tiempo perdido, es que los árabes no reconocieron el derecho de Israel a existir cuando la ONU recomendó su fundación en 1947 y cuando fue declarada su independencia el 14 de mayo de 1948.
Cinco ejércitos árabes se lanzaron a la guerra, invadieron el territorio del recién declarado Estado de Israel y prometieron destruirle. No era tema de fronteras en disputa sino del nacimiento mismo de Israel. Salvo Egipto y Jordania, que suscribieron acuerdos de paz con Israel, y algunos países árabes que en determinado momento tuvieron relaciones diplomáticas a distintos niveles, menos que plenas, con Israel, en general el mundo árabe no ha reconocido formal y oficialmente el derecho de Israel a existir . Formalmente, el estado de guerra se mantiene.
Con este trasfondo, puede entenderse que alguien considere que abrazar ahora el pedido palestino de reconocimiento de un Estado independiente, es una buena nueva también para Israel, ya que con ello, implícitamente, se está dando reconocimiento también a la existencia de Israel al otro lado de las fronteras aprobadas para el Estado palestino.
La mejor prueba de ello es que el grupo integrista islámico Hamas que gobierna la franja de Gaza desde junio de 2007, se oponía terminantemente a la iniciativa del presidente Mahmoud Abbas. No tenían siquiera vergüenza de aclarar que la razón de su oposición es que crear un Estado palestino «en las fronteras de 1967», equivale a «reconocer la legitimidad del Estado de Israel». O sea, Hamas rehúsa reconocer a Israel en esas fronteras porque para la organización -tal cual lo dice su carta constitutiva y no cesan de aclarar sus figuras principales- «territorios ocupados» es un término que se refiere a «toda Palestina», o sea incluyendo lo que es hoy el territorio soberano del Estado de Israel. «Nadie tiene derecho a renunciar ni a un centímetro de la tierra palestina, que es tierra sagrada, waqf, del islam», dijo Mahmoud al-Zahar, uno de los jefes de Hamas en Gaza.
Con esto de fondo, no está de más recordar que Hamas controla la franja de Gaza, territorio contiguo a Israel en el sur, del cual Israel se retiró completamente el 12 de setiembre de 2005, lo cual no puso fin sino que, por el contrario, intensificó, los disparos de cohetes desde allí hacia las localidades civiles del sur de Israel.
Aunque esta postura sobre las dos caras de la moneda del reconocimiento de un Estado palestino suena aparentemente lógica, tiene el serio problema de que constituiría solo la parte declarativa sin que en el terreno se solucionen en forma auténtica todos los complejos problemas pendientes.
Lo más concreto es que Israel no podrá volver a las mal llamadas «fronteras de 1967». Tampoco gobiernos de centro izquierda lo aceptarán. La realidad demográfica y muy polémica en el terreno, con la existencia hoy en Cisjordania de aproximadamente 300 mil colonos, será tomada en cuenta en el marco de un acuerdo futuro. Pero además, está el tema de la seguridad. Si bien, claro está, no hay unanimidad de opiniones al respecto y hay también altos oficiales ya retirados y expertos estrategas a favor de una retirada importante, también hay quienes consideran que Israel no puede volver a la situación anterior a 1967, cuando en su cintura más estrecha tenía solo 15 kilómetros. Con la memoria histórica típica del pueblo judío, el otrora canciller y embajador de Israel en la ONU Abba Eban, las llamó «fronteras de Auschwitz». Se refería por supuesto al riesgo de exterminio.
Y lo sucedido después de la retirada israelí de Gaza, no ha hecho menos que aumentar los temores de Israel al respecto. Por más fuerte que sea su Ejército y por mejor dotado que esté, si su aeropuerto internacional y su propia capital, Jerusalén, o su centro económico y ciudad clave, Tel Aviv, están al alcance de los cohetes Qassam y los misiles Grad que alguien dispare desde Cisjordania, así como lo están hoy las ciudades del sur cuando se dispara desde Gaza, la situación sería insostenible.
Los riesgos no desaparecerían del todo incluso si todo se negocia y se firma un acuerdo ordenado. Cabe recordar que hay extremistas decididos a arruinar las probabilidades de que un acuerdo funcione. Pero hay años luz de distancia entre una situación con riesgos naturales, que ambas partes interesadas en preservar un acuerdo formal pueden intentar frenar, y un paso unilateral que pretende dar soberanía sin que se hayan resuelto tantos problemas que jamás desaparecerán a menos que se los aborde, juntos, con seriedad.